Alejandro ALBUERNE GUTIÉRREZ
Alumno del curso MARPOL
Ing. De Caminos, Canales y Puertos
Policía Portuario
AUTORIDAD PORTUARIA DE AVILES
España

De todos es conocido que la actividad humana modifica en mayor o menor medida la naturaleza del planeta. Esta modificación, en numerosas ocasiones, lejos de ser positiva puede resultar profundamente negativa.

En los últimos años y gracias a la revolución industrial, la sociedad ha vivido profundos cambios que le han permitido por un lado, obtener un mayor aprovechamiento de los recursos del planeta, y por el otro mejorar las condiciones de vida y la salud de los habitantes. En realidad, ambos logros no se han producido de forma equitativa, una de sus ventajas se reparte de modo desigual, existiendo, todavía, grandes bolsas de pobreza e insalubridad en numeras regiones del planeta.

Al mismo tiempo, el grado de desarrollo alcanzado y el aumento demográfico que le ha acompañado, han contribuido de forma decisiva a la degradación del medio natural, a este ritmo de desarrollo resulta “insostenible” para el planeta en las condiciones de desprecio por el medio ambiente en que se está llevando a cabo.

Por otra parte, en este siglo, que será el siglo de la información; los medios de comunicación están actuando como vehículos de propagación a la sociedad de esta realidad, lo que ha inducido, en los últimos años, a un crecimiento de la preocupación de esta misma sociedad sobre la degradación del medio.

La creciente globalización de la economía está generando un incremento importante del transporte internacional de mercancías entre los miembros de la Unión Europea, así como entre éstos con países terceros, del que gran parte se realiza por vía marítima. Los puertos se convierten así, cada día más, en eslabones fundamentales de una estrategia comunitaria de desarrollo sostenible del transporte.

Los puertos marítimos son interfaces tierra-mar en difícil equilibrio ambiental, pues los ecosistemas litorales en los que se asientan son muy sensibles a la acción humana, en los que todas las actuaciones que favorezcan su protección revisten singular importancia. Esto adquiere mayor relevancia si cabe en el litoral mediterráneo, zona de singular importancia económica especialmente maltratada por la contaminación.

Los puertos, por otra parte, se han convertido a menudo en núcleos industriales de primera magnitud, en los que junto a las tradicionales operaciones de carga y descarga de buques coexisten diversas instalaciones en las que se realizan distintas operaciones que van desde el almacenamiento de mercancías hasta tratamientos o procesos industriales de transformación. Su importancia en las cadenas de producción y consumo es cada día mayor, y la prevención de riesgos en sus instalaciones y procesos resulta cada vez más decisiva.

Por otro lado, el desarrollo de las áreas portuarias para atender a las continuas necesidades del tráfico entra, con frecuencia, en conflicto con las zonas metropolitanas colindantes, haciendo que sus actividades tengan un impacto social creciente.

La actividad portuaria, a pesar de estar enfocada a la prestación de un servicio, tiene muchas veces características de proceso industrial, proceso que interacciona con el medio ambiente dando lugar a una serie de efectos ambientales de las actividades portuarias. La cuantificación de esos efectos es lo que se ha dado en llamar impactos ambientales.

En la actualidad, y de manera creciente en el futuro, el medio ambiente es un factor de competitividad para la empresa, de tal manera que la atención al medio ambiente puede llegar a determinar su supervivencia.

Tradicionalmente, la mayoría de las empresas han ignorado el hecho ambiental, y sólo lo han considerado bajo ciertas circunstancias que les obligaban a tenerlo en cuenta. En estas situaciones consideraban la prevención y la gestión ambiental con un enfoque totalmente correctivo y falto de una concepción global. La consideración con el medio ambiente se reducía, en el mejor de los casos, a solucionar problemas cuando la situación se hacía insostenible, de forma poco eficiente, parcial y a corto plazo, generando grandes costos y distorsiones en la vida empresarial. Este comportamiento, por desgracia, sigue funcionando en muchas empresas.

La tendencia de futuro, y que ya en estos momentos se está poniendo de manifiesto, se orienta a incorporar a la gestión de la empresa una sensibilidad ambiental a través de diferentes mecanismos que comporten ventajas de varios tipos hacia el futuro. Las empresas serán más competitivas en la medida que sepan aprovechar las oportunidades que ofrece este campo.

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